En el mundo de los símbolos colectivos, las banderas han servido para reconocer causas, visibilizar identidades y construir comunidad. Ahora, el movimiento de las personas con discapacidad da un paso importante al presentar la bandera del orgullo de la discapacidad, un emblema que busca unificar voces, experiencias y realidades bajo un mismo lienzo.
“Yo también, discapacidad con todas sus letras”, iniciativa fundada hace ya 15 años por la periodista Katia DÁrtigues, incorpora la bandera símbolo de las discapacidades a su logotipo.
Yo también trabaja para transformar la manera en que se informa, se comunica y se actúa sobre la discapacidad en México. “No solo hablamos de inclusión, la exigimos y trabajamos para hacerla realidad”, aseguran.
Incorporar estos colores no se trata solo de un gesto estético: la bandera se convierte en una herramienta de representación que reconoce la diversidad dentro de la discapacidad y la necesidad de mayor inclusión en todos los espacios sociales.
Los colores y elementos no fueron elegidos al azar. El blanco representa las discapacidades invisibles; el amarillo, las neurodivergencias; el azul, las discapacidades psicosociales e intelectuales; el rojo, las discapacidades físicas; y el verde, las discapacidades sensoriales. El fondo oscuro simboliza el duelo por las víctimas de la violencia capacitista, recordando que la discriminación ha tenido consecuencias graves y que la memoria también es parte de la lucha.
La banda diagonal que atraviesa la bandera tiene un significado poderoso: es la luz que rompe la oscuridad, la metáfora de la superación de barreras y del avance hacia una sociedad más justa. No se trata únicamente de reconocimiento simbólico, sino de un llamado a transformar la manera en que se mira y se trata a las personas con discapacidad.
Este nuevo símbolo no surge en el vacío. En 2019, en Estados Unidos, la escritora y activista Ann Magill diseñó la primera Bandera del Orgullo de la Discapacidad. Su motivación fue darle a la comunidad un emblema visible y de orgullo, después de notar que incluso las conmemoraciones del aniversario de la Ley ADA (Americans with Disabilities Act) seguían realizándose en espacios marginales.
Esa primera versión mostraba un fondo negro con franjas en zigzag de colores brillantes, representando los distintos tipos de discapacidad y las dificultades para superar obstáculos.
Sin embargo, con el tiempo se detectó que el diseño provocaba molestias visuales a algunas personas, incluidas aquellas con epilepsia o migrañas. Por ello, en 2021 la propia Magill, en diálogo con la comunidad, impulsó una versión más accesible: franjas rectas, colores más suaves y un acomodo perceptible para quienes tienen daltonismo.
Esa evolución marcó un principio esencial: la bandera debía ser tan inclusiva como las personas a las que representaba. Además, Magill liberó el diseño al dominio público, para que pudiera ser utilizado y adaptado libremente en todo el mundo.
Incorporar ahora esta bandera al logo del movimiento “Yo también” es un acto de reafirmación. La misión es la misma: exigir derechos, participación y respeto. Pero la representación es mayor, porque el símbolo es capaz de reunir en un mismo marco a millones de personas con realidades distintas que comparten un mismo desafío: vivir en un entorno que muchas veces no está diseñado para ellas.
En un tiempo en el que la inclusión requiere señales claras, la creación de esta bandera marca un antes y un después. Representa orgullo, memoria y esperanza. Y, sobre todo, es una manera de decir, sin reservas: yo también.

